jueves, 7 de octubre de 2010

128. “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.”


Hoy quiero meditar contigo en Sal. 25:9.
“Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.” Encontraste alguna vez a una persona orgullosa y justa? El orgulloso piensa que todo lo sabe. No acepta consejos. Su vida está tan llena de sí mismo que no hay lugar en ella para Dios. ¿Cómo puede Dios guiar a una persona orgullosa? ¿Y cómo puede ser feliz una persona tal, si la felicidad consiste en andar en los caminos de Dios?

El apóstol San Pedro dijo en cierta ocasión: "... Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere el tiempo".*
¿Cómo exalta Dios a una persona humilde? Mostrándole el camino, hablando a su corazón, conduciéndola por las veredas de la nobleza, enseñándole a reconocer sus errores y a pedir perdón, a ser compasivo, a extender la mano, a dar una segunda oportunidad a quien erró.

El resultado de todo eso es que las personas pasan a admirarlo, a amarlo y a seguirlo. Dios cumplió su promesa de exaltarlo. La persona orgullosa, decía Benjamín Franklin, almuerza vanidad, y cena desprecio. El orgullo la conduce, tarde o temprano, al terreno de la vergüenza y el fracaso. Vida profesional acabada, amistades rotas. Todo eso es el resultado de no haberse dejado guiar por Dios.

Mariano Aguilo, acostumbraba a decir: "Si el hombre orgulloso supiera cuan ridícula es la imagen que proyecta, hasta por orgullo, aprendería a ser humilde". Pero el orgulloso es incapaz de hacer autocrítica.
La humildad es necesaria para ser justos y tú y yo necesitamos ser justos, como esposos, como padres, como empleados o como empleadores, o simplemente como seres humanos. No es posible hacer a nadie feliz sin humildad.

Según el salmo de hoy, solo es posible ser justos si nos dejamos conducir por Dios. Al fin de cuentas, cuando Jesús estaba en este mundo, dijo: "Aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón".**
¿Hay heridas que tú abriste? ¿Corazones tristes que lastimaste? Aprende de Jesús todos los días y recuerda que él "encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera".

*1 Ped. 5:5,6.
**Mat. 11:29.

Alejandro Bullon

127. “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.”


“Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.” Sal 113:3
Es común alabar a Dios cuando el corazón rebosa de alegría y gratitud. Es también común buscarlo cuando las cosas parecen escapar del control y tú sientes que no tienes más fuerzas para continuar resistiendo los huracanes de la vida. No me refiero a huracanes como el Katrina o el Vilma, que arrasaron todo dejando por lo menos la esperanza de la reconstrucción. Me refiero a aquellos vendavales emocionales que se llevan hasta las ganas de continuar viviendo.

¿Qué sucede cuando el ser amado un día te mira y te dice: “Fue bueno mientras duró, pero me estoy yendo porque quiero ser feliz?” ¿O qué sientes cuando después de toda una vida de trabajo, la traición de alguien en quien tú confiabas parece destruir tus sueños? ¿Cómo reaccionas ante el cuerpo inerte del hijo amado, o ante el diagnóstico de un cáncer Terminal en plena juventud? Buscar a Dios en los momentos de alegría y de tristeza será más fácil si la declaración del versículo de hoy es una realidad en tu experiencia. Alabar el nombre de Dios debe ser un acto permanente. “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone”. Andando, viajando, trabajando, viviendo, la alabanza debe estar presente en cada latido del corazón.

El humanismo de nuestros días concentra la atención del hombre en el propio hombre. “Busca la solución dentro de ti mismo”, afirma. “Saca la energía de tu interior”, declara. En contraste, la teología bíblica es teocéntrica. Según ella, todos los caminos e intenciones humanas deben converger en Dios. La Biblia enseña que Dios está en los cielos, pero que quiere estar en la vida de la criatura. Todos los días, en todos los momentos.

¿Dejarás que Dios camine a tu lado hoy? ¿Le pedirás orientación antes de tomar la decisión que necesitas tomar? Separarse de la presencia de Jesús, solo por un minuto, es como quitar el tubo de oxígeno de un enfermo Terminal. Si aprendes a sentir la presencia de Dios en todo momento, te será más fácil hacerlo en medio del dolor, cuando las lágrimas te impidan ver al Señor.

Ábrele el corazón a Jesús. Abraza a tus amados antes de salir de casa. Anima al débil, consuela al triste y encara con optimismo los desafíos de este día. Y no olvides: “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová”.

Alejandro Bullon

126. “El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará.”


“El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará.” Prov. 19:24.
Pedro Lima, amigo de viejos tiempos, me contó que una vez encontró a ' un campesino, dueño de un buen pedazo de tierra, sentado, fumando un cigarro de hojas, quejándose de su terrible situación financiera.
-¿Aquí da bien el maíz? -preguntó Pedro.
-No da, señor -respondió el campesino, con una tonada típica del interior.
-¿Da mandioca?
—No da, señor.
-¿Da soja, porotos, alguna otra cosa?
—No da, señor.
—¿Pero usted ya plantó algo?
—No planté, señor.'

¿Se puede esperar cosechar algo que nunca fue plantado? ¿Es posible pasarse la vida lamentando la triste "suerte", esperando con los brazos cruzados que el "destino" sea misericordioso con uno? "El perezoso mete su mano en el plato", afirma Salomón. El perezoso desea, anhela, quiere, sueña y espera, como todo ser humano. Ve el plato de las oportunidades a su alcance. Contempla como los otros se hartan con los manjares deliciosos de la prosperidad, la felicidad y el éxito. Y él, puede ser que coloque la mano en el plato, pero no se da el trabajo de llevar la comida a la boca. Quiere que todo acontezca por casualidad.

La sabiduría lleva a la persona a entender que todo sueño tiene un precio, y que el precio del sueño es el trabajo. Construir un hogar feliz, por ejemplo, requiere esfuerzo. El camino más fácil es el divorcio. Ser aprobado en un examen, requiere horas de estudio, la disculpa más sencilla es decir que la prueba era muy difícil. Educar hijos moral y emocionalmente sanos, exige horas de paciencia y dedicación, pero la salida más atractiva es creer que supliendo sus necesidades materiales, la paternidad ya fue cumplida. Hacer dinero es fruto del trabajo y del dominio propio, aunque la solución más cómoda es jugar a la lotería.

La figura que Salomón usa para describir al perezoso es risueña; pero, usando la ironía, muestra la realidad de mucha gente que no está dispuesta a pagar el precio de los sueños. Antes de iniciar tus actividades hoy, piensa: ¿Qué podría hacer para mejorar por lo menos en tres aspectos de mi vida? Piensa en la vida espiritual, familiar y profesional. ¿Estás dispuesto a pedirle a Dios sabiduría para dar prioridad a las cosas que son realmente prioritarias? ¿Da trabajo? ¡Sin duda! ¿Es difícil? ¡Ciertamente! Pero recuerda el proverbio: "El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará".

Alejandro Bullon

miércoles, 6 de octubre de 2010

125. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.”


Sal. 19:7 dice:
“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.”
Conocí a Jean en el peor momento de su vida. Fue una noche en que se desmayó mientras yo presentaba la Palabra de Dios. Al final de la reunión lo llevaron a mi camarín. Estaba con la vida completamente destruida. Desempleado, con el hogar deshecho, y esclavo del alcoholismo. Creía que no valía la pena continuar viviendo. Aquella noche había ido al gimnasio deportivo porque un amigo a quien le debía favores, insistió mucho. El mensaje impactó su corazón al punto de perder el conocimiento.
Tres años después volví a verlo en circunstancias completamente diferentes. Era gerente de una empresa de porte medio, su hogar estaba reconstruido, había vencido el alcoholismo y reflejaba felicidad en su mirada.
Eso es lo que el salmo de hoy enseña: "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma", es decir, restaura. Restaurar significa hacer de nuevo, reconstruir, recrear. Por eso, la versión castellana de la Biblia usa el verbo "convertir".

En el original hebreo la palabra ley es Torah, que incluye no solo el decálogo, sino todas las enseñanzas bíblicas. Literalmente Torah quiere decir instrucción, dirección, enseñanza Necesitamos ser enseñados, instruidos y dirigidos por la Palabra de Dios para no vivir destruyéndonos, procurando la felicidad; y si alguien ya está destruido, precisa urgentemente buscar las enseñanzas y el poder restaurador de la Palabra de Dios.

Un día Jesús se encontró con un paralítico. Aquel hombre vivía arrastrando su humanidad por los caminos de la vida. No tenía sueños, ni proyectos, ni expectativas futuras. Solo aquel presente doloroso, oscuro y sin esperanza. Pero Jesús apareció y le dijo: "toma tu lecho y anda". Ahí estaba la Palabra de Dios. La orden era "levántate". El paralítico solo tenía dos opciones, creer o rechazar. Él creyó, se levantó y anduvo.

Este es el poder restaurador de la Palabra divina. Restaura el alma. Cura por dentro, devuelve la esperanza y la voluntad, y da sabiduría para evitar los errores del pasado. Por eso, hoy, antes de enfrentar los peligros que se esconden en el camino, recuerda: "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo".

Alejandro Bullón