Los ministros del Evangelio, como mensajeros de Dios a sus semejantes, no deben nunca perder de vista su misión ni sus responsabilidades. Si pierden su conexión con el cielo, están en mayor peligro que los demás, y pueden ejercer mayor influencia para mal. Satanás los vigila constantemente, esperando que se manifieste alguna debilidad, por medio de la cual pueda atacarlos con éxito. OE17
martes, 19 de mayo de 2026
jueves, 11 de diciembre de 2025
miércoles, 11 de diciembre de 2024
26. LA SUCESIÓN APOSTÓLICA
Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Juan. 8:37,38
LOS FARISEOS SE HABÍAN DECLARADO A SÍ MISMOS HIJOS DE ABRAHÁN. Jesús les dijo que solamente haciendo las obras de Abrahán podían justificar esta pretensión. Los verdaderos hijos de Abrahán vivirían como él una vida de obediencia a Dios. No procurarían matar a Aquel que hablaba la verdad que le había sido dada por Dios.
Al conspirar contra Cristo, los rabinos no estaban haciendo las obras de Abrahán. La simple descendencia de Abrahán no tenía ningún valor. Sin una relación espiritual con él, la cual se hubiera manifestado poseyendo el mismo espíritu y haciendo las mismas obras, ellos no eran sus hijos.
ESTE PRINCIPIO se aplica con igual propiedad a una cuestión que ha agitado por mucho tiempo al mundo cristiano: la cuestión de la sucesión apostólica. La descendencia de Abrahán no se probaba por el nombre y el linaje, sino por la semejanza del carácter.
La sucesión apostólica tampoco descansa en la transmisión de la autoridad eclesiástica, sino en la relación espiritual.
Una vida movida por el espíritu de los apóstoles, el creer y enseñar las verdades que ellos enseñaron: ésta es la verdadera evidencia de la sucesión apostólica. Es lo que constituye a los hombres sucesores de los primeros maestros del Evangelio. DTG 432
miércoles, 11 de octubre de 2023
25. “EL CARÁCTER ES PODER”
Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la
cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
(Romanos 5:1,2).
Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter.
Un Carácter Noble, Cabal, No Se Hereda. No lo recibimos
accidentalmente.
Un carácter noble se obtiene mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo. Dios Da Los Talentos, Las Facultades Mentales; Nosotros Formamos El Carácter.
Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias hereditarias. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente, y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable...
Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero. Los que en este mundo andan de acuerdo con las instrucciones de Cristo, llevarán consigo a las mansiones celestiales toda adquisición divina...
Los seres celestiales obrarán con el agente humano que con determinada fe busque esa perfección de carácter que alcanzará la perfección en la acción.
Cristo dice a cada uno de los que se ocupan en su obra: Estoy a tu mano derecha para ayudarte.
Cuando La Voluntad
Del Hombre Coopera Con La
Voluntad De Dios, llega a ser omnipotente.
Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya, puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones...
El Carácter Es Poder. El testimonio silencioso de una vida sincera, abnegada y piadosa, tiene una influencia casi irresistible.
Al revelar en nuestra propia vida el carácter de Cristo, cooperamos con El en la obra de salvar almas. Solamente revelando en nuestra vida su carácter, podemos cooperar con El.
Y cuanto más amplia es la esfera de nuestra influencia, mayor bien podemos hacer.
Cuando los que profesan servir a Dios sigan el ejemplo de Cristo practicando los principios de la ley en su vida diaria; cuando cada acto dé testimonio de que aman a
Dios más que todas
las cosas y a su prójimo como a sí mismos, entonces la iglesia tendrá poder para conmover al mundo...
No sabemos qué resultados traerá un día, una hora o un momento, y nunca debiéramos comenzar el día sin encomendar nuestros caminos a nuestro Padre celestial... Cuando inconscientemente estamos en peligro de ejercer una mala influencia, los ángeles estarán a nuestro lado, induciéndonos a un mejor proceder, escogiendo las palabras por nosotros, e influyendo en nuestras acciones.
En esta forma, nuestra influencia puede llegar a ser un gran poder, aunque silencioso e inconsciente, para llevar a otros a Cristo y al mundo celestial. Palabras de vida del gran
Maestro 266-268, 275-277. RJ290/EGW/MHP 291
