jueves, 3 de febrero de 2011

166. Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.... Salmos 111:3


De qué obras habla el salmo? El contexto da a entender que el salmista está hablando aquí de dos extraordinarias obras de Dios. La creación y la redención.

Sus obras son prueba contundente de su existencia. Tú no te atreverías a pensar que la sofisticada computadora portátil vino a existir como fruto de la evolución. Tiene que haber un fabricante por detrás de todo. ¿Cómo es posible, entonces, pensar que el cuerpo humano y los misterios de la naturaleza aparecieron en el universo por azar?

Si la computadora es la prueba de la existencia de un entendido en informática, la creación es también la prueba de un Creador. No somos fruto de la casualidad. Sabemos de dónde venimos y, en consecuencia, la vida tiene sentido.

La Biblia enseña que cuando la obra maravillosa de la creación estaba concluida, vino el enemigo y echó a perder todo. Al introducir él la mancha del pecado condenó a la creación a su autodestrucción. El ser humano se iría deteriorando, consumido por su propio egoísmo y arrastraría a la naturaleza entera.

Entonces apareció nuevamente la mano misericordiosa de Dios. Nada está condenado, aunque el enemigo intente desfigurar sus planes divinos.
El plan de la redención es el programa de restauración de un mundo perdido. Es como si el artista reconstruyese una pintura famosa, deteriorada por las inclemencias del tiempo y del abandono.

Hoy Dios está en su trono. Continúa en el control del universo y de las vidas. Nada sucede sin su consentimiento, a pesar de que muchas veces podemos pensar que el enemigo asumió el control de la vida.

Según el salmista, la justicia es la base del trono desde el cual Dios gobierna el universo. Las vestiduras divinas son su gloria y su majestad. Dios es excelso y grande. No conoce imposibles.

¿Cómo puedes tú pensar que la circunstancia difícil que enfrentas hoy no tiene solución? Mira las obras de Dios. Esas obras pueden ser realidad en tu experiencia, si, como hijo indefenso, corres a los brazos protectores del Padre, porque: “Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre”.


Alejandro Bullón

miércoles, 2 de febrero de 2011

165. “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio.” Prov. 15:17


En la mañana del miércoles 17 de noviembre de 2004, Guillermo y yo tomábamos el desayuno en la casa de una familia colombiana, en Santo Domingo de los Colorados, Ecuador. Luz Dary me contaba cómo había abandonado su país después que los guerrilleros tomaron la hacienda de su padre:
“Tuvimos que huir para salvar la vida”, dijo.
Llegaron al país vecino “sin nada” en el aspecto material, pero con muchos deseos de trabajar y construir nuevos sueños. Toda su historia había quedado atrás, en la tierra de donde tuvieron que salir por causa de la lucha fratricida que desangra a una nación heroica. Mientras Luz Dary hablaba, podía ver en sus ojos una sombra de pena y tristeza.

Hasta no hacía mucho tiempo, aquel sentimiento había sido de rencor, odio y deseo de venganza, pero un día encontró la Palabra de Dios y entendió que los sentimientos negativos que guardaba en el corazón, no estaban haciendo ningún mal a los guerrilleros, sino que estaban destruyéndola a ella misma, como persona. Paró, pensó, consideró sus caminos y se volvió hacia Jesús. El Salvador le quitó el rencor y puso paz en su corazón, como un remanso de aguas tranquilas.


Sentado a la mesa con nosotros estaba Guillermo, que también había salido del país como resultado de las guerras internas. Disimuladamente, Guillermo trataba de esconder una lágrima rebelde que pugnaba por salir. De repente rompió el silencio y mirando a Luz Dary dijo: “Yo soy hijo de uno de los líderes de los guerrilleros que los expulsaron a ustedes de la hacienda”. El momento era tenso. Yo tenía delante de mí a los hijos del perseguidor y del perseguido. Corazones que antes eran pozos de contiendas y odios se miraban fijamente el uno al otro, pero en aquella mirada no había rencor, ni odio, ni resentimiento, porque un día ambos encontraron a Jesús
Sé feliz. Atrévete a vivir la dimensión de una vida de amor. El amor cubre todas las transgresiones. El amor limpia, purifica y redime. Proponte hoy perdonar a alguien. Abre tu corazón al amor, porque: “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio."

Alejandro Bullón

martes, 1 de febrero de 2011

164. “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas.Sal. 63:1


Este salmo lo escribió David mientras atravesaba el desierto de Judá, perseguido por su propio hijo Absalón y traicionado por Ahitofel, uno de sus consejeros más cercanos.

El salmista estaba herido y triste, pero en medio de la tristeza hizo una declaración extraordinaria de fe: "Dios, Dios mío eres tú". La expresión "Dios mío" denota la profunda experiencia espiritual de alguien que en cierto momento soltó la mano poderosa de Dios y conoció las profundidades del pecado, pero que se levantó e hizo de su comunión con el Señor algo personal.

David no se contentaba con saber que Dios existía, quería que ese Dios fuese suyo. Spurgeon decía: "¿Pueden los ángeles entonar una canción más dulce que ésta?" Creo que no. No puede haber sentimiento más sublime que la paz que se apodera del corazón de quien hizo de Dios "su Dios".

El versículo de hoy muestra cómo fue que el salmista llegó a tener esa experiencia. "Yo te busco ansiosamente. En la lengua original dice "de madrugada te buscaré", tal como aparece en muchas versiones de la Biblia. Si juntamos ambas expresiones, habremos encontrado el secreto de David, "buscar a Dios de mañana, con ansiedad". No es fácil, porque el ser humano prefiere la acción en lugar de la devoción.

Cuando tú sales corriendo, de mañana, para cumplir tus deberes diarios, sin haber pasado tiempo con Dios, puede ser que las cosas salgan como lo habías planeado, pero tendrás en un rincón del corazón, la sensación de que algo no está bien. Es la inconsciente nostalgia de Dios, la instintiva necesidad del alma.

Mientras andaba por el desierto de Judá, el salmista contemplaba la tierra árida y sin vida. La falta de agua transformaba aquel lugar en tierra de chacales, víboras y escorpiones, tierra de muerte, ávida por una gota de agua. Aquel cuadro deprimente, impresionó el corazón de David, y dijo: "mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas".

Jesús es la fuente de agua que satisface la sed del corazón. El que bebe de esa agua, nunca más se sentirá vacío del alma. Por eso, di hoy como David: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas".

viernes, 28 de enero de 2011

163. El que labra su tierra se saciara de pan; mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento. Prov. 12:11.


Setenta y cuatro de los 915 versículos que tiene el libro de Proverbios, tratan de un modo u otro, acerca de la importancia de tomar la vida en serio y construir sueños sobre fundamentos seguros.

Hay gente derrotada porque “sigue a los vagabundos”. En el original la palabra reqen significa “cosas vacías, vanas o fantasiosas”. La ilustración perfecta seria una cosa bien adornada y atractiva por fuera, pero vacía por dentro; como las pompas de jabón tras las cuales los niños corren entusiasmados, pero que solo traen frustración, porque explotan justo cuando las alcanzan. Existen, pero no existen. No tienen consistencia. Nada las sustenta, fuera de la imaginación.

En el proverbio de hoy, Salomón parece decir: “¡Despiértate! Pon los pies sobre la tierra. Labra la tierra, traspira tu camisa. No te quedes ahí sentado en la butaca de la vida, alentando fervorosamente para que todo acontezca. Entra y participa”.

Dios va a bendecir lo que tú crees que mereces y por lo cual estés dispuesto a luchar. Pero, recuerda que David derrotó al gigante Goliat usando una honda. La mayoría de las guerras de Israel, fueron ganadas porque Dios iba delante del ejército, pero el pueblo necesitaba salir al campo de batalla.

Confía en Dios no significa permanecer de brazos cruzados, esperando que el éxito caiga del cielo. El verdadero éxito no es un gran acontecimiento, ni una única y gran Victoria. El éxito que Dios ofrece esta hecho de pequeñas victorias diarias.

Correr detrás de fantasías, esperar un “golpe de suerte”, o una “herencia” es falta de sentido, locura, ingenuidad. Las personas que piensan así forman la larga fila de los derrotados.

Haz de este día un día de pequeñas victorias. En el trabajo. En el hogar, en la vida personal, en fin, labra tu tierra, arregla el grifo que gotea, cambia la lámpara quemada, arregla la relación destruida. Acumula pequeñas victorias. No te quedes sonando solamente con grandes conquistas, porque: “El que labra su tierra se saciara de pan; mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento”.


Alejandro Bullón